viernes, 14 de diciembre de 2012

¡El verano lo vivimos juntos!

Este verano te esperamos en www.jovenducinaltum.blogspot.com para seguir compartiendo reflexiones, ideas, comentarios y más experiencias vividas. Este verano ¡Subite a la barca y navegá mar adentro!. Te esperamos!!

martes, 15 de noviembre de 2011

Etapas dentro de los grupos o comunidades juveniles

Todo grupo, sea de jóvenes o de adultos, nucleado con fines religiosos o con cualquier fin, tiene su propia evolución. Se desarrolla durante un determinado período de tiempo en el que va pasando por sucesivas etapas. Numerosos aportes han sido publicados sobre esta realidad. Casi todos admiten que las fases y secuencias son comunes en la gran mayoría de los casos, aunque los contenidos y la duración de las mismas varían según la clase de grupo y la tarea que éste desarrolle.

Muchos autores comparan la vida y crecimiento del grupo con la vida y el crecimiento de las personas, desde su nacimiento hasta su muerte. Lógicamente, el grupo no es igual a la persona, pues tiene sus leyes propias basadas en la interrelación y en la toma de conciencia colectivas. Pero pasa por fases muy similares y se desarrolla en etapas muy semejantes a las del crecimiento humano.

Es necesario aclarar que, al hablar de etapas no se pretende decir que éstas se dan de manera mecánica y obligatoria; evidentemente, no hay límites absolutamente claros entre una etapa y otra. Puede pasar que algunas veces unas se superpongan a otras e incluso que ocasionalmente se pueda saltar alguna de ellas. Con todo, parece importante tener conciencia de su existencia y de su aporte para entender lo que sucede en la vida de los grupos.

Nacimiento
El grupo nace como nace la persona... con gran dificultad. Como la vida que comienza, necesita muchos cuidados pues existe el peligro de una muerte prematura. Como recién nacido, se sorprende por lo que lo rodea, balbucea sus primeras palabras y da sus primeros pasos con incertidumbre, pero al mismo tiempo se alegra porque comienza a hablar, porque prestan atención a su lenguaje y porque descubre que es capaz de moverse y andar. Gusta estar junto a otros, ser y sentirse grupo... Como la madre para el recién nacido, es importante la presencia del animador para acompañar los primeros momentos del grupo que nace.

Primera infancia
El grupo comienza a crecer... aunque muchos comienzan a participar sólo para ver qué pasa o qué se puede hacer, no hay mayor conocimiento interpersonal, se es muy dependiente del animador y se tiene el afán inmediatista de conseguir enseguida grandes cosas, se va descubriendo lentamente que es posible que distintas personas puedan llegar a hacer algo en común. Pese a que existen todavía temores y expectativas no expresados y no hay objetivos definidos, se empieza a vislumbrar hacia dónde se va. Se siente gusto por estar juntos, por apoyarse y acompañarse mutuamente y crece el deseo de conocerse más y de llegar a tener una identidad propia.

Esta vivencia grupal favorece la relación sistemática con otros que generalmente piensan distinto, tienen experiencias diferentes, gustos variados y escalas de valores que no siempre coinciden con la propia. Es un tiempo de imaginación, de planes fabulosos y de imitación de otros grupos. Lo sensible juega un papel fundamental, por lo que fácilmente surgen disputas, se asumen entusiastamente responsabilidades que luego no se pueden cumplir y hay poca capacidad de evaluación. Es tiempo de momentos amargos y de momentos agradables.


Adolescencia
Es el momento de toma de conciencia del yo grupal, de las crisis de integración y de autoridad, de la búsqueda de sentido del grupo y de su ubicación en la realidad. Es el momento de su afirmación como grupo y de su búsqueda de identidad y de los caminos para su realización. Es tiempo de crecimiento, de incertidumbres, de definiciones, de marchas atrás y marchas adelante. Frente a la crisis, el grupo se autoafirma o se desintegra.

Es muy importante identificar la fuente de la crisis. El diálogo se hace fundamental. Con su experiencia y conocimientos, el animador podrá prestar también una ayuda invalorable. En la profundización de la interrelación personal que hace surgir un "nosotros" del grupo, en la búsqueda de todo lo que haga "sentirse bien en el grupo" y en la realización de acciones que permitan poner en práctica sus ideales, surgen caminos de superación de la crisis y de nuevas etapas de maduración.


Juventud

Si supera la crisis, el grupo alcanza mayor estabilidad, va logrando una personalidad grupal más definida, adquiere más autonomía respecto al animador, profundiza las relaciones humanas, asume compromisos con gran seriedad, comienza a definir una escala de valores, busca el verdadero sentido del amor, se abre más a la realidad social y comienza a tomar opciones importantes en la vida. La propia maduración lo lleva a buscar más el sentido comunitario y la efectividad, a definir sus objetivos de manera más realista y a exigir compromisos concretos y firmes a sus interrogantes.

Adultez
Un grupo es adulto cuando es ya casi una comunidad sincera y sin barreras, con objetivos claros y definidos, con decisión de continuar juntos, con niveles de comunicación profunda y corrección fraterna, con aceptación mutua incondicionada, con un compromiso encarnado en la realidad y con una organización que le permita cumplir los fines previstos.

Cuando esto se logra, el grupo descubre la necesidad de ser multiplicador y de hacer nacer de él otros grupos con impulsos nuevos. Aunque puede suceder, también, que el grupo sienta que ha llegado a la meta y caiga en la tentación de estancarse y descansar.



Muerte - Vida Nueva
El grupo no puede permanecer para siempre. No es inmortal. Así como la familia se divide y se forman nuevas familias, así el grupo está llamado a multiplicarse y a formar nuevos grupos. No se trata de morir y desaparecer, sino de transformarse y seguir viviendo de una manera nueva. Es la ley del crecimiento, la ley de todo grupo rico en potencialidades que no se encierra a sí mismo. Los nuevos grupos podrán independizarse y realizarse según su propia creatividad, pero manteniendo una activa coordinación entre ellos.

Se este necesario morir para volver a nacer no se produce, los grupos se hacen generalmente rutinarios, comienzan a conformarse con poco, viven pensando sobre todo en el pasado, se estancan en su proceso de crecimiento y terminan finalmente por morir sin generar vida nueva.




Hasta aquí llegamos hoy...
¿Te has preguntado en qué etapa está tu grupo?. Es importante que tomes conciencia de esta última etapa. El grupo, tarde o temprano, está llamado a multiplicarse.  Es como la semilla del grano de trigo, que al morir da mil frutos, como dice la canción.
Si has estado en un grupo durante mucho tiempo, y estás formado en la fe, es hora de que dones un poco de tu experiencia de grupo, de Iglesia, a los demás. Quizás, esto puede ser presentándote en alguna parroquia y ofreciéndo tu colaboración para lo que allí se necesite. O bien, comenzando a formar parte de un nuevo grupo. La Iglesia se vive, en comunidad.

¡Hasta la próxima!


 

lunes, 15 de agosto de 2011

Características y Dinamismo de los grupos y comunidades juveniles.

En la publicación anterior (VER AQUÍ) hablamos de lo que la Pastoral de Juventud entiende, al menos a nivel Latinoamericano, por los grupos y comunidades juveniles. Brevemente nos explica de qué se trata y nos introduce al próximo tema: Características y Dinamismo de estos grupos y/o comunidades juveniles.

3.1 - Características

Se trata de grupos pequeños de doce a quince jóvenes, de uno y otro sexo, de edad homogénea, con un nivel de participación estable y con un ritmo periódico de encuentros o reuniones, que se constituyen en lugar de crecimiento, maduración, formación y realización personal y comunitaria, porque:

  • Facilitan la creación de lazos profundos de fraternidad, donde cada uno es reconocido como persona y valorado como tal.
  • Permiten compartir criterios, valores, visiones y puntos de vista; comprender el sentido de las experiencias de la vida y elaborar la propia identidad generacional.
  • Ayudan a enfrentar los desafíos de esa etapa de la vida, tan decisiva para la maduración en la fe y la integración social, asegurando la continuidad y perseveracia del proceso educativo;
  • Educan para mirar y descubrir junto con otros la realidad, para compartir experiencias y para desarrollar los valores de la vida en comunidad;
  • Permiten encontrarse con Jesús de Nazaret, el único liberador, adherir a Él y a su proyecto de vida, nutrirse de la Palabra y orar en común.
  • Impulsan la renovación permanente del compromiso de servicio y de aporte a la Iglesia y a la sociedad en la construcción de un futuro digno y solidario para todos.
  • Dan solidez a la proyección misionera, expresada en el testimonio personal, en la maduración de la opción vocacional por un estado de vida y de ministerialidad eclesial y en el compromiso con la promoción humana y la transformación de la sociedad.
3.2 - Dinamismo. 

El sentido más pleno de la experiencia comunitaria está en su dinamismo evangelizador. El seguimiento de Jesús en sus actitudes, mensaje y misión; la celebración de su presencia en la vivencia del grupo y la acogida sencilla y profunda del Espíritu en el proceso de conversión, son elementos fundamentales de la vida comunitaria.
Este dinamismo incluye dos dimensiones correlativas:
  • La primera es ser una comunión dinámica de personas que se comunican entre sí a través de relaciones de conocimiento, amistad e integración. En estas relaciones se comprometen mutuamente, se aceptan como son, se ayudan en la superación de los problemas y van creando un lenguaje, un conjunto de "reglas" y de objetivos comunes que les dan un sentido de pertenencia e identidad grupal. 
 De esta comunicación va naciendo una solidaridad que los lleva a compartir profundamente la vida. Nacen y se desarrollan amistades, aprenden a dialogar francamente, a resolver sus conflictos, a perdonarse unos a otros, a cuidarse fraternalmente, a mirar la vida con optimismo. Es un auténtico descubrimiento del amor fraterno vivido en sus múltiples aspectos.


  • La segunda es la presencia activa del Espíritu del Señor en el dinamismo grupal. A través de la experiencia del amor fraterno, el Espíritu reúne a los jóvenes, los anima a vivir unidos, a perdonarse, ayudarse y cuidarse mutuamente; transforma sus experiencias en encuentros con el amor del padre y el de Jesús, va ayudando a interpretar la historia a la luz de la Palabra, a descubrir en la vida del grupo la historia de la propia salvación y a celebrarla principalmente en la Eucaristía.

Es el Espíritu quien los va congregando, los va haciendo compartir sus bienes y poner en común sus limitaciones y fragilidades, los va ayudando a superar sus angustias, va animando su esperanza y va comprometiendo su vida en la solidaridad y en el compromiso con los más necesitados.



Por la presencia activa del Espíritu, la experiencia de amor fraterno que se vive en el grupo puede resignificarse como revelación del proyecto del padre para el joven y, por lo tanto, como una fuente para su definición vocacional. La opción vocacional será así la culminación del proceso de maduración en la fe y del seguimiento de Jesús (SD, 114)


En este dinamismo comunitario se va consolidando la madurez humana, se va construyendo la libertad, se va integrando la personalidad, se van afinando las motivaciones profundas, los sentimientos, el carácter. La salvación del pecado, realidad que está en cada persona, que toma cuerpo en las estructuras sociales y que no permite a las personas y a los pueblos mantener un diálogo de fidelidad con Dios, viene por el don del Espíritu Santo que va sanando este tejido humano, personal y social.


Ambas dimensiones, de comunión interpersonal y presencia activa del Espíritu, se dan en permanente interrelación. Una se realiza en y a través de la otra. De ahí, la importancia que tiene la vida comunitaria para los jóvenes y la necesidad de que este dinamismo comunitario sea profundo, bien orientado y bien acompañado en su crecimiento.




Prometemos para dentro de dos semanas publicar cuáles son las etapas de los grupos y/o comunidades juveniles. ¡una publicación que será muy interesante!.


Seguimos en contacto.
Seguimos unidos, no solo por este medio, sino también por la Eucaristía y la oración permanente. 


¡hasta pronto!

miércoles, 10 de agosto de 2011

Opciones pedagógicas de la Pastoral Juvenil

Las opciones pedagógicas se refieren tanto a los instrumentos como a las actitudes y estrategias que se consideran prioritarias para la evangelización de la juventud, en coherencia con la pedagogía pastoral y de acuerdo con la realidad del joven del continente.

  1. EL GRUPO O COMUNIDAD JUVENIL
Es grupo o comunidad juvenil es la experiencia central de la propuesta evangelizadora de la pastoral juvenil.

La experiencia latinoamericana muestra que existe una gran variedad de sentidos y comprensiones en lo que se refiere a la expresión "grupo" o "comunidad juvenil". En algunos lugares, con la palabra "grupo" o "grupo juvenil" se designa a todo conjunto de jóvenes que se reúne de un modo más o menos estable; en otros, el mismo término sirve para referirse a una experiencia comunitaria más específica, experiencia que en otros países se designa con el nombre de "comunidad juvenil". A su vez, el término "comunidad juvenil" significa para algunos el conjunto de grupos juveniles de un mismo centro pastoral, mientras que para otros se refiere a aquellos grupos cuyo proceso de formación los ha llevado a un cierto grado de discernimiento y maduración de su vivencia comunitaria. Los obispos latinoamericanos dicen que "la pastoral juvenil... deberá favorecer la creación y animación de grupos y comunidades juveniles" (SD, 120). Aquí se usarán indistintamente ambas expresiones en el sentido que se explica a continuación.

La próxima publicación la haremos el próximo Lunes 15/08/2011 contando las características y el dinamismo de estos grupos y/o comunidades juveniles. ¡hasta entonces!.


Fuente: Suplemento Vida Pastoral. Sep/Oct 2006. Pastoral de Juventud. CEA.


martes, 5 de julio de 2011

Características (de Pastoral Juvenil)

Como propuesta e invitación, la evangelización no puede estar al margen del momento histórico y de la situación real que viven sus destinatarios. El punto de partida de la pastoral juvenil es el propio joven, asumido en su realidad personal, cultural y social. La pastoral juvenil no inventa a los jóvenes: los encuentra como son y donde están…
 
La acción evangelizadora no se realiza por medio de acciones aisladas, sino a través de un proceso, es decir, de un conjunto de dinamismos que llevan al joven a abrirse, a buscar respuesta a sus inquietudes, a valorar lo que construye su persona, a madurar motivaciones personales profundas y a concretar su proyecto de vida y su opción vocacional.

Este proceso evangelizador se vive de forma participativa en pequeños grupos o comunidades en las que los jóvenes comparten fe y vida, alegrías y tristezas, relfexión y acción, ilusiones y preocupaciones, la oración, la fiesta, las inquietudes, todo lo que son y quieren ser, lo que viven, lo que creen, lo que sienten, lo que esperan.

En este proceso, tiene un lugar privilegiado la presentación atractiva y motivadora de Jesucristo “Camino, Verdad y Vida” (Jn 14, 6) como respuesta a sus ansias de realización personal y a sus búsquedas  de sentido de la vida. En el encuentro con  Jesús vivo, los jóvenes se evangelizan, es decir, descubren, viven, testimonian y anuncian su estilo de vida y aprenden a ver la realidad y los hechos de todos los días como signos de una historia de amor que relaciona a Dios con los hombres como hijos y a los hombres entre sí como hermanos. En esta experiencia, encuentran el llamado a una nueva manera de ser, de pensar, de actuar, de vivir y de amar; a un orden nuevo, a una renovada comprensión del hombre, del mundo y de la historia.

El estilo de vida de Jesús se hace estilo de vida de los jóvenes. Su seguimiento se convierte en un discipulado y en una misión de entrega y servicio para hacer realidad la Civilización del Amor. Es el llamado de unos jóvenes a otros jóvenes, a través del anuncio y del testimonio, para servir a la vida; alentarla, cuidarla y respetarla; defenderla y organizarla en formas de convivencia que sean praxis de verdad, justicia, paz y amor que hagan presente a Dios como “padre de todos”. Es vivir en comunión y participación; es ir realizando la liberación integral del hombre y de la sociedad; es vivir el trabajo, el estudio, la profesión, la vida entera con vocación de servicio comunitario y solidario.

El proceso se realiza desde los jóvenes y con los jóvenes. Ellos son punto de partida y sujetos activos de sus propios procesos y están llamados a ser los primeros e inmediatos evangelizadores de los otros jóvenes. Este protagonismo es elemento fundamental de la pedagogía, de la metodología y de la organización de la Pastoral Juvenil.

Dada la pluralidad de realidades juveniles es necesario plantear una pastoral diferenciada que tenga en cuenta y responda a las diversas situaciones y actitudes de los jóvenes frente a la fe y frente a la vida. Aunque haya diversidad de acciones, habrá siempre un mismo punto de partida, la situación del jóven y un mismo punto de llegada, su maduración personal, su adhesión a Jesucristo, su participación en la Iglesia, su compromiso con la Civilización del Amor.

La preocupación evangelizadora no se dirige sólo a los jóvenes que se integran a los grupos o a los que participan establemente en comunidades u otras organizaciones eclesiales. Con sentido misionero, llega también a quienes participan ocasional o esporádicamente y sobre todo a la gran masa juvenil que no se acerca a los ambientes eclesiales y que no ha recibido todavía el anuncio liberador de Jesucristo.

La comunidad eclesial acompaña a los jóvenes especialmente a través de asesores adecuadamente formados, que los quieran de verdad, que estén en actitud de escucha, comprensión y cercanía y que conozcan suficientemente las características pedagógicas y metodológicas del proceso de Pastoral Juvenil. Esta actitud pastoral liberadora, personaliza a los jóvenes y los hace responsables de su proceso y de su propia existencia.

Para cumplir su misión, la Pastoral Juvenil se organiza de manera participativa a través de coordinaciones que se dan en los diferentes niveles. A través de ellas, los jóvenes se educan en la comunión y en la participación, crecen como personas, se van integrando activamente a la vida de la Iglesia, generan propuestas nuevas para la sociedad y se sienten realmente protagonistas. Esas instancias sólo pueden ser entendidas y vividas desde una actitud de corresponsabilidad y servicio a los demás jóvenes y a los grupos.

Manteniendo la memoria histórica, recuperando sus conquistas y corrigiendo sus errores, la Pastoral Juvenil continúa profundizando su propio proceso y sistematizándolo para ofrecerlo como servicio a quienes se integran en su caminar.

martes, 28 de junio de 2011

La Pastoral Juvenil

Aunque seguramente muchos de los lectores pertenezcan a la Pastoral Universitaria, es importante conocer rasgos de la Pastoral de Juventud, su espiritualidad, sus características; ya que partiendo desde allí podremos entender ciertos aspectos de la Pastoral Universitaria.

Descripción de la Pastoral Juvenil
La expresión "pastoral juvenil" se utiliza comúnmente para referirse a distintos contenidos y realidades.
Algunas veces, designa al proceso mismo de educación en la fe que realiza la Iglesia para la evangelización de los jóvenes, otras, se aplica al conjunto de jóvenes integrados en esos procesos y otras, señala el conjunto de estructuras y organismos que, en los diferentes niveles, hacen posible ese proceso pastoral. Tal diversidad muestra las variadas perspectivas desde donde se puede abordar el esfuerzo evangelizador que realiza la Iglesia en el mundo juvenil. Aunque complementarias, son por tanto, necesariamente incompletas.

La Pastoral Juvenil es la acción organizada de la Iglesia para acompañar a los jóvenes a descubrir, seguir y comprometerse con Jesucristo y su mensaje para que, transformados en hombres nuevos, e integrando su fe y su vida, se conviertan en protagonistas de la construcción de la Civilización del Amor.

Esta acción evangelizadora de la Iglesia con los jóvenes ha tenido diversas concreciones históricas. Las experiencias realizadas en el continente en los últimos años, ha configurado un modelo de Pastoral Juvenil Latinoamericana que aquí se describe muy brevemente y cuyas características pecualiares se desarrollarán luego al analizar más detenidamente las opciones pedagógicas y metodológicas.

"Evangelizar no es para nadie un acto individual y aislado, sino un acto profundamente eclesial" (EN, 60). La evangelización de los jóvenes es pues, un desafío para toda la Iglesia. No puede considerarse sólo como una "cosa de los jóvenes". Toda ella se compromete para que, con su apoyo y orientación, los jóvenes puedan crecer y desarrollarse como personas; puedan conocer a Jesús, aceptarlo, seguirlo e integrarse en la comunidad eclesial y puedan ser promotores y gestores del cambio en América Latina. Es una apuesta para que, desde ellos y con ellos, se pueda ir construyendo la Civilización del Amor.

Así, la Pastoral Juvenil es la expresión concreta de la misión pastoral de la comunidad eclesial en relación a la evangelización de los jóvenes, que será también buena noticia para la Iglesia y propuesta de transformación para las personas y para la sociedad.
Fuente: Suplemento Vida Pastoral. 10/2006

Próximamente veremos las características de una Pastoral Juvenil.

¡Hasta pronto!

lunes, 20 de junio de 2011

Una Pastoral Juvenil constructora de la Civilización del Amor

Antes de que comiences a leer, aclaro que me tomé el atrevimiento de resaltar con negrita aquellas frases que pienso, como animadores de grupos, deberían ser nuestro norte, nuestro eje. Frases que, al leerlas me han permitido reflexionar sobre ello y hacerme preguntas como, por ejemplo (la primera frase en negrita): ¿me identifico con el dolor de otros para buscar integrarlos, desde su dolor, al Reino?. En palabras de San Pablo: "me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio. Y todo esto por amor a la Buena Noticia, a finde poder participar de sus bienes". (1 Co 9, 22-23).
Digo... ¿nos hacemos estas preguntas a medida que leemos textos como el siguiente?. Vale la pena! te animo a cuestionarte un poco a vos mismo...

La Pastoral en la Iglesia

Jesús, enviado del Padre, vino a salvar lo que estaba perdido y a reunir lo que estaba disperso (Mt 18, 11). Pasó haciendo el bien a todos y a cada uno de los que encontraba en su camino. Vivió la situación de su tiempo y se identificó con el dolor de todos para hacerlos partícipes de la vida divina e integrarlos a su Reino.

Pastor por excelencia, miró a la gente, se compadeció de ella y enseñó a los discípulos a hacer lo mismo. Los asoció a su tarea de pastor, formándolos para guiar y acompañar el
proceso de nacimiento, crecimiento y expansión de su Iglesia (Mt 28, 17-20) y el cuidado de todos los hombres y de todos los pueblos.
Se preocupó por sus apóstoles y discípulos, particularmente y como grupo. Atendió sus necesidades concretas y les enseñó con su práctica cómo debían vivir el servicio a los demás. Él mismo curó enfermos, libró de su ignorancia a muchos, exigió a otros que dieran más de sí, concientizó a los que le abrieron el corazón, perdonó, llamó a la conversión,
y, a todos los guió hacia el Padre.

Esa misma tarea y misión retoma hoy la Iglesia para ser mensajera y realizadora de la alianza de Dios con los hombres. Procura ir a su encuentro en todas sus necesidades y situaciones. Los ayuda a desarrollar sus cualidades y su vocación al servicio de la comunidad humana. Con esta acción pastoral, la Iglesia prolonga el cuidado que tuvo Jesús con la gente de su tiempo, actualiza hoy su acción y colabora en su misión de construir el Reino. Para atender a las distintas personas y grupos, con sus situaciones, realidades y necesidades particulares, la Iglesia realiza acciones pastorales diferenciadas que se integran y forman parte de la pastoral de conjunto. Así existe la Pastoral Familiar, la Pastoral Social, la Pastoral Catequética, la Pastoral Aborigen, la Pastoral Universitaria... Una de ellas es la Pastoral de Juventud o Pastoral Juvenil.


Creo que por hoy, hasta aquí basta. Por supuesto hay mucho más para hablar sobre la Pastoral Juvenil y Pastoral Universitaria en la Iglesia. Pero vayamos de a poco, observando, leyendo, rumiando lo que dicen estas palabras.
Creo que el texto que acabamos de leer es muy rico en contenido y no merece una simple lectura como leemos a veces las noticias en el diario. No. Estas palabras merecen ser leídas con calma, detenidamente, reflexionando lo que leemos y evaluando en qué vamos bien y en qué no vamos tan bien, para poder mejorar, para enderezarnos y seguir caminando.

En estos días seguiremos ahondando en estos temas.

Saludos y buen comienzo de semana, vale recordar que ayer celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad y que el próximo fin de semana celebraremos Corpus Christi.


¡Hasta pronto!